miércoles, 22 de febrero de 2012

Carta a un amigo


Probamente nadie que intente suicidarse, como lo demuestra Regnier en uno de sus cuentos, es plenamente consciente de todos sus motivos, que con frecuencia son demasiados complejos. Al menos en mi caso, el suicidio esta causado por un vago sentimiento de angustia sobre mi propia escritura. Durante los últimos dos años más o menos he pensado solo en la muerte, y he leído con especial interés un relato del proceso de la muerte.
Auque el autor lo expresaba en términos abstractos, yo seré tan concreto  como pueda, incluso al punto de parecer inhumano. En este punto, estoy obligado a ser honesto. En cuanto a mi vago sentimiento de angustia por  mi propio futuro, creo que lo analice por completo en Vida de un Loco, salvo el factor social, la sombra que el feudalismo arrojo sobre mi vida.
Es algo que omití deliberadamente, inseguro de poder establecer social en el que viví.
Una vez que me decidí por el suicidio (no lo considere un pecado, como los accidentales) busque la manera menos dolorosa de llevarlo a cabo. Por  ende descarte ahorcarme, pegarme un tiro en la cabeza, saltar al vacío y otras modalidades del suicidio por razones estéticas y prácticas. El uso de una droga parecía ser tal vez la manera más satisfactoria. En cuanto al lugar, debía ser mi propia casa, por inconveniente que ello resultara para mis familiares que me sobrevivirían. Como una suerte de trampolín, tal como lo habían hecho kleisty y Racine, pensé en alguna compañía,  por ejemplo, una amante o un amigo, pero como muy pronto gane confianza, decidí seguir adelante solo. Y lo último que tuve que calcular fue la manera de asegurar una ejecución perfecta sin que mi familia se enterara.
Después de varios meses de preparativo, finalmente estoy convencido de haberlo logrado. Nosotros, los humanos, por ser animales humanos, tenemos un miedo animal a la muerte. La así llamada vitalidad es solo otro nombre de la fuerza animal. Yo mismo soy un animal humano. Y que esta la fuerza animal, se ha escurrido gradualmente de mi sistema, a juzgar por el hecho de que tengo tan poco apetito por la comida y las mujeres. El mundo en el que vivo es el de los nervios enfermos, lucido como hielo. Esta muerte voluntaria debe darnos paz, si no felicidad. Ahora que estoy listo, la naturaleza me resulta bella mas bella que nunca, por paradójico que parezca. He visto, amado y entendido más que otros. En esos al menos experimento cierta satisfacción, a pesar de todo el dolor que he tenido que soportar hasta el momento.
PS. Leyendo una vida de Empédocles, siento que antiguo es este deseo de convertirse en un dios.
Esta carta, en la medida en que puedo saberlo, no lo intenta. Por el contrario, me considero uno de  los humanos más comunes. Tal vez recuerde aquellos días, veinte años atrás, cuando hablamos de Empédocles bajo los tilos. En esa época yo era alguien que quería convertirse en un dios

1 comentario:

  1. Ryunosuke Akutagawa

    (Tokio, 1892-1927) Escritor japonés de corta pero notable trayectoria. Es uno de los autores más problemáticos, inquietantes, versátiles y discutidos de nuestro siglo, no sólo bien conocido en Japón, sino también en Occidente, en donde hace ya bastante tiempo que muchas de sus obras han sido traducidas y presentadas al público. Escribió más de cien relatos, además de ensayos críticos, crónicas de viajes y páginas de diario, obras indispensables para reconstruir su compleja personalidad, tanto de hombre como de escritor.

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